La clave de la mitología vasca y, por lo tanto, de nuestra mentalidad tradicional está en Mari, la figura central del imaginario colectivo. Pero ¿Quién es Mari? Según J.M. de Barandiarán, Mari es un genio femenino o un ser sagrado (numen) que acapara muchas y diversas funciones, hasta el punto de ser considerada la deidad máxima. Sin embargo, esta divinidad no es globalizadora ni abstracta, sino implicada y coimplicadora, ya que asienta sus reales en simas y montañas, cuevas y recovecos bien localizados; Mari de Aralar, la Dama de Amboto, la Santa de la Cueva, La Señora de Muno, La señorita de Lizarraga…

El propio nombre de esta divinidad vasca es Mari o Amari, Maya o Amaya, lo que emparenta con ama “madre”. Y es que Mari es un arquetipo o símbolo radical de la tierra Madre; su personificación humana es consecuente, como mujer ricamente vestida y rodeada de oro y riquezas, cuyo hábitat específico es, de forma expresiva, el “interior” de la tierra – las grutas o cavernas - . Se trata, en efecto, de una diosa: la Naturaleza personificada, la Diosa Madre de la mitología vasca, a la que se rinde culto mediante rituales y ofrendas. De aquí que aparezca en la mitología vasca como la maga o hechicera animadora de los “cuatro reinos y de los cuatro elementos”:

“ El reino mineral” aparece transitado por Mari y sus huellas (oquedades), símbolos (forma petrificada en estalagmitas o en peñas sagradas como Amabrijina), mansiones ( cuevas y cavernas), señales (solares o lunares)…
El reino vegetal” aparece animado por Mari y sus símbolos: árboles sagrados o en llamas, Árbol de Gernika, hierbas medicinales…
El reino animal” aparece encarnado por Mari y sus símbolos: la vaca y el macho cabrío, toros y caballos, cuervos y buitres…
Finalmente “ el reino humano” aparece focalizado por Mari y sus mandamientos, oráculos y rituales, beneficios y maleficios, recompensas o venganzas.
Esta implicación de Mari en los cuatro reinos continúa en su involucración en los cuatro elementos.
El elemento tierra está cohabitado por Mari cuyas moradas son cuevas y montañas y cuya actividad dirige desde las propias entrañas terráceas.
El elemento agua está imbricado con Mari, que vive en el fondo húmedo de las grutas, regulando las lluvias y la fertilidad (tempestad, sequía, arco iris…)
El elemento fuego está animado por Mari, la cual aparece como mujer en llamas o surcando el cielo como hoz o media Luna de fuego; además domina la actividad eléctrica de la atmosfera.
El elemento aire está invadido por Mari, que aparece cual ráfaga de viento o nube blanca, sobrevolando el cielo o firmamento sobre un carro tirado por caballos y convocando vientos y tempestades.
La escena primordial que protagoniza Mari sentada en la cocina de su cueva peinándose junto al fuego o bien sentada al sol de la puerta de la caverna. El peine de oro que porta en su mano derecha simboliza la vida y la claridad solar, mientras que el pálido espejo que porta en la izquierda simboliza la muerte y la oscuridad lunar. De este modo, Mari se presenta mitológicamente como la diosa de la vida y la muerte y se sitúa en el medio de lo vital y lo mortal, el día y la noche, el bien y el mal, lo positivo y lo negativo, el sí y el no.
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